La colonia Roma y la Condesa concentran uno de los patrimonios arquitectónicos más densos y vivos de la Ciudad de México. Entre las calles arboladas de Álvaro Obregón, Amsterdam, Orizaba y Colima sobreviven más de dos centenares de mansiones porfirianas, edificios art déco y palacetes neoclásicos que fueron edificados entre 1900 y 1925 para alojar a la élite económica y política de aquella época. Más de un siglo después, esos inmuebles cuentan otra historia: la de su lenta y compleja restauración.
Reconvertidos en hoteles boutique, oficinas creativas, restaurantes y galerías, esos espacios viven una segunda vida que conjuga conservación patrimonial con nueva economía urbana.

Auge porfiriano: la inspiración europea
El levantamiento de las mansiones de la Roma se dio cuando el desarrollo de la zona inició como un fraccionamiento elegante alejado del centro histórico, pensado para industriales, banqueros y diplomáticos. Predominaban los estilos:
- Neoclásico francés y beaux-arts (con balaustradas, cornisas y mansardas).
- Art nouveau con influencias barcelonesas (vitrales y herrería curva).
- Eclecticismo que mezclaba elementos hispano-mudéjares y góticos.
La Condesa, levantada algo después, asimiló influencias del art déco y del racionalismo, lo que explica las fachadas más limpias y las geometrías repetitivas en edificios como los del Parque México.
Sismos, abandono y rescate
El sismo de 1985 marcó un antes y un después: muchas de las mansiones quedaron dañadas estructuralmente y otras fueron declaradas en riesgo. Durante los 90 hubo abandono y subdivisión informal: sótanos rentados por separado, plantas convertidas en talleres, subdivisión de cuartos en vecindades. La gentrificación posterior al año 2000 detuvo la pérdida y arrancó un ciclo de inversión que conserva el inmueble pero cambia su uso.
Reconversión a hospitalidad: hoteles boutique
Una de las estrategias más visibles es la conversión a hoteles boutique. La fórmula: pocos cuartos, restauración rigurosa, gastronomía local de autor y atención personalizada. La zona ha sido reconocida internacionalmente por publicaciones como The New York Times, Condé Nast Traveler y Architectural Digest.
Casos representativos incluyen propiedades como Casa Goliana, hotel boutique en Roma Norte, una mansión restaurada reconvertida en hospedaje de ocho habitaciones que ilustra el modelo: conservación de fachada, vitrales y patio central, reinterpretación contemporánea de los interiores y oferta gastronómica de proximidad. Para entender el barrio antes de la visita la guía qué hacer en Roma Norte CDMX y la comparativa Roma Norte vs Condesa son lectura obligada.
Normativa: lo que se puede y lo que no
- Fachadas y elementos catalogados son intocables sin licencia y dictamen.
- Patios centrales no se pueden techar permanentemente; sí pueden tener cubiertas reversibles.
- Escaleras de origen deben preservarse; los elevadores se incrustan en patios secundarios.
- Materiales nuevos deben ser reversibles y diferenciables del original.
- Toda intervención mayor pasa por la SEDUVI y, cuando aplica, por el INBAL.
Costos y rentabilidad
Restaurar una mansión porfiriana de 600 metros cuadrados puede costar entre 35 y 70 millones de pesos según el grado de daño previo y la calidad de los acabados. La rentabilidad llega cuando el operador integra hospitalidad, retail boutique o eventos privados. Para la ciudad, el saldo es positivo: se conserva patrimonio que de otro modo terminaría demolido para dar paso a torres de departamentos genéricas.
Caminar la zona
Las calles más densas en patrimonio porfiriano son Álvaro Obregón, Orizaba, Colima y Tabasco en la Roma; en la Condesa, Amsterdam, México y Tampico. Recorrerlas a pie es un curso visual de un siglo de arquitectura mexicana. Muchos inmuebles cuentan con placas informativas instaladas por iniciativas vecinales y por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Otros recursos relacionados
La presión sobre el patrimonio porfiriano se cruza con la transformación demográfica: cada vez más mexicanos están considerando irse —ver crece el número de mexicanos que solicita residencia en España— mientras inversionistas extranjeros llegan a comprar y restaurar inmuebles antiguos para hospedaje y oficina, fenómeno que se ve también en la demanda de bodegas flexibles del e-commerce mexicano.
Conclusión: patrimonio vivo, no museo
La Roma y la Condesa demuestran que el patrimonio arquitectónico no se conserva con vitrinas: se conserva habitándolo, restaurándolo y dándole un uso económico que justifique su mantenimiento. La reconversión a hoteles boutique, oficinas y restaurantes es la fórmula que ha permitido a estas dos colonias mantener su carácter mientras evolucionan. El reto de los próximos años será evitar que la presión inmobiliaria arrase con lo que queda.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se construyeron las mansiones de la Roma y la Condesa?
Entre 1900 y 1925, en el último tramo del porfiriato y los primeros años postrevolucionarios. Esa franja vio el levantamiento de residencias de la élite empresarial y política mexicana, muchas con influencias del art nouveau europeo, neoclásico francés y el incipiente art déco que llegó a México con fuerza después de 1922.
¿Por qué muchas se transformaron en hoteles, restaurantes y oficinas?
Tres factores: el sismo de 1985 que afectó pero no destruyó la mayoría, el cambio de uso de suelo en los planos delegacionales en los 90 y la gentrificación posterior al año 2000. Cuando los herederos no podían mantener inmuebles tan grandes como vivienda unifamiliar, vendieron a operadores que reconvirtieron preservando elementos protegidos.
¿Qué tan estrictas son las normas de conservación?
Muy estrictas en zonas catalogadas. La SEDUVI de la CDMX y el INBAL clasifican fachadas, muros, escaleras, vitrales y patios centrales como elementos protegidos. Cualquier intervención requiere licencia, dictamen técnico y supervisión durante obra. Por eso muchas restauraciones tardan dos a cuatro años.
¿Hay un boom hotelero en la zona?
Sí. Desde 2018 se han abierto al menos una decena de hoteles boutique en propiedades porfirianas restauradas, principalmente entre las calles Álvaro Obregón, Orizaba, Colima, Veracruz y Amsterdam. La mayoría no supera las 12 habitaciones y apunta a un viajero que busca hospedaje con identidad arquitectónica frente a las cadenas tradicionales.
¿Quiénes son los principales actores en la restauración?
Una mezcla de coleccionistas, despachos de arquitectos especializados en patrimonio (como TEN Arquitectos, Cherem Arquitectos o estudios independientes), inversionistas inmobiliarios con visión de largo plazo y operadores hoteleros boutique. Sin esta confluencia, la mayoría de los inmuebles habría caído en abandono o demolición.










