Naasón Joaquín, líder de la iglesia La Luz del Mundo, fue sentenciado este martes a una nueva pena en Estados Unidos tras revelarse más pruebas sobre el abuso sistemático que ejerció durante años contra mujeres y menores dentro de su congregación. El tribunal de California amplió su condena a 36 años de prisión, sumando cargos por tráfico de personas, corrupción de menores y asociación delictuosa.
La decisión judicial se tomó luego de que nuevas víctimas presentaran testimonios y evidencias que habían permanecido ocultas por miedo o presión interna. El juez calificó los actos como “una traición profunda a la confianza de sus seguidores” y destacó el uso de su posición religiosa para manipular y silenciar. La fiscalía argumentó que el caso representa uno de los esquemas de abuso más complejos registrados en una organización religiosa en América Latina.
La Luz del Mundo, con presencia en más de 50 países, ha enfrentado una caída significativa en sus donaciones y asistencia desde que se conocieron los primeros cargos en 2019. En México, donde se concentra la mayoría de sus fieles, comunidades enteras han entrado en crisis espiritual y económica. “Muchos dejaron de asistir, otros perdieron empleos ligados a la iglesia. Es una herida que no cierra”, comentó un exmiembro de la congregación en Guadalajara.
Naasón Joaquín: impacto social y económico tras la sentencia
Expertos en sociología religiosa señalan que el caso de Naasón Joaquín pone en evidencia la vulnerabilidad de estructuras cerradas donde el líder concentra poder absoluto. “Cuando la fe se convierte en obediencia ciega, el riesgo de abuso se multiplica”, explicó una investigadora de movimientos religiosos.
Organizaciones de derechos humanos celebraron la sentencia como un paso hacia la justicia, pero advirtieron que aún hay víctimas sin protección ni reparación. En paralelo, autoridades mexicanas evalúan medidas para supervisar el funcionamiento de asociaciones religiosas con mayor rigor.
La nueva condena contra Naasón Joaquín no solo marca un precedente legal, sino que obliga a reflexionar sobre los límites del poder espiritual y la necesidad de proteger a quienes confían en él. Y sin duda, el nombre de Naasón Joaquín quedará ligado a una de las crisis más profundas en la historia reciente de la fe organizada.










