Infancia prisionera en cárceles de México, 172 niños y niñas conviven con sus madres pese a no haber cometido delito. Estas madres cumplen sentencia o esperan juicio, mientras sus hijos, menores de tres años, crecen entre rejas.
Niñez cautiva en los reclusorios femeniles
Tamaulipas lidera la lista con 23 menores en sus cárceles. En Reynosa, nueve internas cuidan a 11 niños. Victoria alberga a siete, Altamira a tres y Matamoros a dos. Jalisco le sigue con 20 menores en un penal femenil. Hidalgo registra 13, Guerrero 12, Michoacán y Tabasco 11, Quintana Roo y Chihuahua 10, y Oaxaca ocho. Estas niñas y niños reciben atención médica y vacunas. Sin embargo, los penales carecen de espacios seguros para jugar o aprender. Las internas madre deben ingeniárselas para estimular a sus hijos con pocos recursos.
Dolor de la separación a los tres años por infancia prisionera
La Ley Nacional de Ejecución Penal obliga a retirar a los menores al cumplir tres años. Autoridades entregan entonces a los niños a familiares o a instituciones. Esa separación suele devastar emocionalmente a madres e hijos. Muchas internas reciben apoyo psicológico para enfrentar el proceso. Los niños, poco a poco, se adaptan a un nuevo entorno lejos de la prisión.
Propuesta de reforma para proteger a la infancia
La diputada Ofelia Socorro Jasso Nieto propuso cambiar la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. Quiere:
Salidas periódicas de los niños a parques y museos.
Protocolos de separación gradual con psicólogos y trabajadores sociales.
Programas de seguimiento tras la separación para asegurar su bienestar.
Ella advierte que los penales no ofrecen educación inicial ni estimulación temprana. Documentó casos en que niños desconocen objetos cotidianos al salir de prisión, como un automóvil o una mascota.
Conclusión sobre infancia prisionera
Criar niños dentro de una cárcel vulnera su desarrollo físico, cognitivo y emocional. Las madres luchan por proteger a sus hijos en un ambiente hostil. La reforma legislativa busca aliviar este daño, pero requiere presupuesto y voluntad política. Sólo así México podrá garantizar un entorno digno a estos pequeños, quienes merecen crecer fuera de los muros penitenciarios.
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